viernes, 26 de agosto de 2016

HABLANDO MAL DE LOS DEMÁS

La sexta acción prohibida en las aleyas citadas anteriormente es el hablar mal de los ausentes (ghiba):

"¡Creyentes!  ¡Evitad conjeturar demasiado! Algunas conjeturas son pecado. ¡No espiéis! ¡No calumniéis! ¿Os gustaría comer la carne de un hermano muerto?  Os causaría horror ... ¡Temed a Allah!  Allah es indulgente, misericordioso". (49:12).

            El Profeta (B y P) quiso aclarar el significado de "hablar mal" a sus sahabis a través de preguntas y respuesta.  Él les preguntó:  "¿Saben lo que es hablar la Ghiba?"  Ellos respondieron:  "Allah y su Mensajero saben mejor".  Él dijo:  "Es decir algo sobre tu hermano que a él le pueda disgustar".  Alguien preguntó:  "¿Y qué sucede si yo digo algo sobre mi hermano y es verdad?".  El Profeta (B y P) respondió:  "Si lo que dices de él es verdad, pues es ghiba; y si no es verdad, pues es una calumnia".

            Cuando una persona no gusta de otra, tiende a encontrar defectos en su apariencia, conducta, linaje y cualquier otra cosa que esté relacionada con ella.

            Aisha narró que dijo al Profeta (B y P): "¿Ves que Safía (otra esposa del Profeta) esa así y así?".  Implicando que era de corta estatura.  El Profeta (B y P) le respondió: "Las palabras que has dicho son tales, que, si se mezclan con las aguas del océano, las obscurecerán".

            La ghiba (el hablar mal de los ausentes) no es más que un deseo de empequeñecer a la gente, de dañar su honor y desdeñar sus logros en su ausencia. Y ya que es una puñalada por la espalda, pues es una señal de ceguera y cobardía.  La ghiba es un atributo negativo; y sólo los que no han logrado nada se dedican a ella.  Es un arma de destrucción, pues quien es aficionado a ella no deja a nadie sin lanzarle sus dardos y herirlo.
            No debemos sorprendernos, pues, que el Corán presente una imagen tan repulsiva de tan vil costumbre que hace a la gente estremecerse de horror:

"¡Creyentes!  ¡Evitad conjeturar demasiado! Algunas conjeturas son pecado. ¡No espiéis! ¡No calumniéis! ¿Os gustaría comer la carne de un hermano muerto?  Os causaría horror ... ¡Temed a Allah!  Allah es indulgente, misericordioso". (49:12).

            Si pensar solamente en comer carne humana ya causa malestar, ¡Cuán repulsivo es pensar en comer la carne del propio hermano muerto!
            En toda oportunidad, el Profeta (B y P) mencionaba esta alegoría coránica para imprimirla en los corazones y mentes de la gente.  Ibn Mas'ud relató:  "Estabamos sentados con el Profeta (B y P) cuando un hombre se paró y se marchó.  En ese momento otro habló mal de él.  El Profeta (B y P) dijo:  'Límpiate los dientes'.  El hombre dijo: '¿Porque? No he comido carne'.  El Profeta (B y P) le respondió: 'Acabas de comer la carne de tu hermano".

            Yábir narró:  "Mientras estabamos sentados con el Profeta (B y P), el viento trajo un olor fétido en nuestra dirección, en este momento, el Profeta (B y P) dijo:  '¿Sabéis que olor es éste?  Es el olor de aquellos que hablan mal de los creyentes'".

            Todos estos textos y citas demuestran la santidad y dignidad que la persona disfruta en el Islam.  Sin embargo, algunos eruditos han mencionado algunas excepciones, necesariamente limitadas a ciertas circunstancias, cuando hablar sobre una persona en su ausencia es permitido.  Entre estas excepciones está la de una persona que ha sido oprimida y se está quejando de su opresor.  Aunque deba entonces hablar sobre lo que al opresor disgusta, es su derecho hacerlo a fin de garantizar la justicia; en consecuencia, se le da permiso para describir el mal que se le ha causado.  Allah dice:

"A Allah no le gusta la maledicencia en vos alta, a no ser que quien lo haga haya sido tratado injustamente.  Allah todo lo oye, todo lo sabe". (4:148).

            Si alguien desea investigar el carácter o la idoneidad de una persona con la que desea entrar en sociedad, o que le ha pedido su hija en matrimonio, o que le está pidiendo trabajo, está permitido que aquellos que son consultados den su opinión franca y honesta.  Aquí se presenta un conflicto entre dos obligaciones:  una, dar buen asesoramiento a quien busca información; y dos, proteger el honor de la persona sobre la cual se pide una opinión. Pero la primera obligación tiene precedencia sobre la segunda, pues es más importante y sagrada.  Fátima bint Qais consultó al Profeta (B y P) sobre dos hombres que la habían pedido en matrimonio. El Profeta (B y P) le dijo sobre uno de ellos:  "Es un bueno para nada y no tiene propiedades". Y sobre el otro, "nunca baja su bastón del hombro", queriendo decir que frecuentemente golpeaba a las mujeres en su casa.

            También es permitido hablar sobre una persona sin su conocimiento si se requiere una opinión legal o un veredicto (Fatua) sobre la misma o si se necesita ayuda para combatir el mal que estuviera causando, o referirse a él por un nombre, un título o una característica que él no guste pero sin el cual no se la puede identificar, como por ejemplo, “el hombre cojo", "el tuerto”; así también, cuestionar a un testigo o criticar a un relator de hadices o noticias es permitido.

            La regla general sobre la permisibilidad de hablar sobre alguien en su ausencia está regida por dos consideraciones:  la necesidad y la intención.
1.  La necesidad:  Cuando no hay una necesidad urgente de mencionar a la tercera persona de una forma que le disguste, debemos abstenernos de violar la santidad de su personalidad y su honor.  Si hay necesidad de mencionarlo, pero ésta se puede satisfacer con una referencia indirecta, no debemos ser explícitos.  Si una discusión general basta, se debe evitar mencionar personas específicas.  Por ejemplo, cuando se procura una opinión legal (fatua), se puede hacer así la pregunta:  "¿Cuál es su opinión de alguien que hace esto y aquello?".  Finalmente, si se debe mencionar a la persona, se debe mencionar sólo lo que es verdad, pues atribuirle algo falso es haram.
2.  La Intención:  En cualquier caso, la intención es un factor decisivo.  El que habla conoce sus motivos mejor que nadie - si es que constituyen un justo reclamo contra una injusticia o mero rencor, si es una investigación objetiva o una calumnia, criticismo académico o simple habladuría (ghiba), un buen consejo o la difusión de un rumor.  Al respecto podemos decir que el creyente es el juez más exigente consigo mismo; más que un tirano o un socio ambicioso.

            El Islam decreta que el oyente sea partidario del ausente, y que debe defender a su hermano ausente repudiando la calumnia que se lanza sobre él.

            El Profeta (B y P) dice, “si alguien defiende a su hermano que es calumniado en su ausencia, su recompensa será que Allah lo libre del Fuego". También dijo:  "Si Alguien defiende la honra de su hermano en esta vida, Allah protegerá su rostro del fuego en el Día de la Resurrección".

            Si una persona no tiene el coraje de hablar en defensa de su hermano contra las lenguas maliciosas, lo menos que puede hacer es salir de ese círculo hasta que cambien de tema; de otra manera el verso (4: 140) se aplicará:


"Él os ha revelado en la Escritura:  "Cuando oigáis que las aleyas de Allah no son creídas y son objeto de burla, no os sentéis con ellos mientras no cambien de tema de conversación; si no, os haréis como ellos".  Allah reunirá a los hipócritas y a los infieles, todos juntos, en la gehena. (4:140).

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