miércoles, 1 de julio de 2015

El acontecimiento del elefante

Este incidente ocurrió el mismo año que nació el Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, aproximadamente en el 571 d.C. La historia está mencionada en la Sura número 105 del Corán. El Yemen se encontraba bajo el dominio de los abisinios, y Abraha Ibn As-Sabah actuaba como virrey. Abraha se percató de que la gente del Yemen se preparaba para visitar Meca, que Allah la honre, todos los años en la misma temporada. Por lo tanto, decidió construir una iglesia en San’a, capital del Yemen, y envió una carta a Negus, rey de Abisinia, informándole que estaba construyendo una gran iglesia para atraer la atención de la gente hacia ella y así desistieran de peregrinar hacia la Ka’bah. Un árabe de la tribu de Kinanah supo acerca de su plan y entró en la iglesia ensuciándola con eses fecales.

Abraha preguntó quién había realizado semejante acción y algunas personas le dijeron que fue una de las gentes de la Ka’bah. Abraha juró destruir la Ka’bah, informó a Negus de sus planes y le pidió que le enviara su enorme y fuerte elefante: Mahmud. Negus aceptó su petición.

Luego, Abraha procedió a invadir Meca con un numeroso ejército y algunos elefantes. Los árabes quedaron impresionados con este ejército, pero aun así lucharon contra él.

Las tribus árabes lucharon contra Abraha, desunidas, y fueron vencidas una a una. Luego, Abraha envió un emisario a ‘Abdul Muttalib, el líder de la Meca y abuelo del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, para informarle que había venido a destruir la Ka’bah. ‘Abdul Muttalib respondió: “No nos pondremos en su camino. Esta es la casa de Allah y de Su amigo Ibrahim. Si Decide protegerla, lo Hará porque es Su casa y un lugar sagrado”. Luego, se dirigió dónde Abraha, y debido a su buen semblante y belleza se ganó la simpatía de Abraha, quien lo trato bien. ‘Abdul Muttalib le pidió a Abraha que le devolviera 200 de sus camellos confiscados por el ejército. Abraha le dijo a su intérprete que le dijera a ‘Abdul Muttalib que lo admiraba, pero no entendía por qué estaba preocupado por sus camellos y no por la casa de sus ancestros, su honor y gloria. ‘Abdul Muttalib respondió: “Yo sólo soy dueño de los camellos, y la Ka’bah tiene su propio Señor que la Protegerá”. Abraha dijo: “Al-lah no Puede prevenirme de hacerlo”. ‘Abdul Muttalib dijo: “Haz como quieras”. Abraha ordenó a su ejército devolver los camellos a su dueño, quien por su lado informó a los Quraish del ataque y les ordenó dirigirse a las montañas circundantes para allí buscar refugio. ‘Abdul Muttalib se dirigió a la Ka’bah y suplicó diciendo: “¡Oh, Allah! Sólo a Ti pedimos ayuda y protección; el verdadero enemigo es aquel que muestra enemistad contra Ti y Tu Casa, Protégela pues”.

Cuando Abraha empezó a dirigirse contra la Ka’bah, algunos árabes tomaron por las orejas al elefante ordenándole arrodillarse porque se encontraba en territorio sagrado, y ocurrió que Mahmud se detuvo. Los abisinios hicieron su mejor esfuerzo por hacerlo ponerse de pie nuevamente, pero fue en vano. Cuando lo dirigían hacia el Yemen, el elefante caminaba, lo mismo ocurría si lo dirigían hacia Siria o el este. Pero se negaba a avanzar en dirección de la Ka’bah. Entonces, Allah Envió bandadas de pájaros del lado del mar; cada pájaro cargaba tres piedrecillas: una en cada pata y una en su pico. Los pájaros cubrieron toda el área y dejaron caer las piedrecillas. Los soldados escaparon, pero de nada les sirvió porque poco a poco iban pereciendo, desintegrándose por el poder de Allah. En cuanto a Abraha, escapó hacia el Yemen y en el camino iba perdiendo sus órganos uno a uno. Finalmente, pereció al rasgarse su pecho.


Esta historia fue mencionada en el Sagrado Corán, en la Sura 105, con las siguientes palabras (que se interpretan en español): {¿No has observado lo que hizo tu Señor con el ejército del elefante? Desbarató sus planes [de destruir la Ka‘bah], y Envió sobre ellos bandadas de aves que les arrojaron piedras de arcilla dura y les Dejó como heno comido [por el rebaño]. } [Corán 105:1-5]