martes, 1 de septiembre de 2015

La historia de la gente del foso, el mago, el monje y el joven

Suhayb relató que el Mensajero de Allah (sallalahu aleihi wasalam) dijo: «Había un rey entre quienes os precedieron que tenía un mago. Cuando éste envejeció le dijo al rey: ‘He envejecido, envíame a un joven para que le enseñe la magia’. Y entonces le envió un joven para que le enseñase. Cuando iba por el camino se encontró con un monje, se sentó con él, escuchó su conversación y le asombró. Y así, cada vez que iba a ver al mago, pasaba junto el monje y se sentaba con él. Cuando llegaba ante el mago éste lo golpeaba (por su tardanza). Se quejó de ello al monje y éste le dijo: ‘Cuando temas (la reprimenda) del mago dile: ‘Es mi familia la que me ha retrasado’, y cuando temas de tu familia diles: ‘Es el mago el que me ha retrasado». Y así hacía, cuando un día llegó una bestia enorme y bloqueó el paso de la gente. El joven se dijo: ‘¡Hoy sabré quien es superior, si el mago o el monje!’.

Tomó una piedra y dijo: ‘¡Oh Allah!, si el asunto (1) del monje es más amado para Ti que el del mago, mata a esta bestia para que la gente pueda pasar’.
Y arrojó la piedra y la mató, y así la gente pasó.
Fue a ver al monje y le contó. Éste le dijo: ‘¡Hijito mío!, hoy tú eres superior a mí. Has alcanzado en este camino mío algo que no poseo, y ciertamente serás probado. Si eres puesto a prueba no los guíes hacia mí. Y el joven comenzó a sanar a los ciegos y a los leprosos y a curar a la gente de otras enfermedades. Cuando un cortesano del rey, que se había quedado ciego, supo de él fue a verlo con numerosos regalos y le dijo: ‘Todo esto será tuyo si me curas’. Pero el joven le contestó:

‘Yo no curo a nadie, es Allah El que cura. Si tú crees en Allah yo Le rogaré para que te cure’. Y él creyó en Allah y Allah lo curó. Volvió con el rey y se sentó donde solía hacerlo. Entonces el rey le preguntó: ‘
¿Quién te devolvió la vista?’ Dijo: ‘Mi Señor’. Replicó: ‘¿Es que tú tienes otro Señor que no sea yo?’
Dijo: ‘Mi Señor y tu Señor es Allah’. Entonces lo encarceló y lo torturó hasta que lo guió al joven. Lo trajeron y el rey le dijo: ‘¡Hijito mío!, me han comentado sobre tu (excelente) magia, que curas a los ciegos, a los leprosos y que haces esto y aquello’.

Dijo: ‘Yo no curo a nadie, es Allah el que cura’. Entonces lo encarceló y lo torturó hasta que lo guió al monje.
Fue traído el monje y se le dijo: ‘¡Renuncia a tu religión!’. Pero él se negó. Entonces pidió una sierra y poniéndosela en la mitad de la cabeza se la partió hasta que cayeron ambas mitades. Luego hizo traer al cortesano y le dijeron: ‘¡Renuncia a tu religión!’. Pero se negó.

Pidió nuevamente la sierra y poniéndosela en la mitad de la cabeza se la partió hasta que cayeron ambas mitades. Luego hizo traer al joven, y se le dijo: ‘¡Renuncia a tu religión!’.
Pero él se negó. Entonces lo entregó a un grupo de sus cortesanos y les dijo: ‘Llevadlo a tal montaña, subid con él y al llegar a la cima preguntadle si renuncia a su religión, si no lo hace arrojadlo (desde la cima de la montaña)’. Entonces lo llevaron y lo hicieron subir la montaña.

Y él dijo:
‘¡Oh Allah!, sálvame de ellos del modo que Tú quieras’. Entonces la montaña comenzó a temblar y todos se cayeron, (excepto él que) se volvió caminando hasta el rey.
El rey le preguntó: ‘¿Qué ha sucedido con tus acompañantes?’

Contestó: ‘Allah me ha salvado de ellos’. Entonces lo volvió a entregar a otros cortesanos suyos diciéndoles: ‘Partid con él, llevadlo en una embarcación y cuando lleguéis al medio del mar preguntadle si renuncia a su religión y si no lo hace arrojadlo en el mar’.

Cuando lo llevaban él dijo: ‘¡Oh Allah!, sálvame de ellos del modo que Tú quieras’. Entonces la embarcación se dio vuelta y se ahogaron, salvo él que volvió caminando hasta el rey.
Éste le preguntó:
‘¿Qué pasó con tus acompañantes?’
Contestó:
‘Allah me ha salvado de ellos’, y le dijo al rey: ‘Tú no podrás matarme hasta que hagas lo que yo te ordene’.

Él preguntó: ‘¿Y qué es?’ Dijo: ‘Debes reunir a la gente en una planicie y me debes atar al tronco de un árbol, luego debes tomar una flecha de mi carcaj, ponerla en el arco y luego decir:
‘En el nombre de Allah, el Señor del joven’, y luego me arrojas la flecha. Si lo haces así podrás matarme’.
Entonces reunió a la gente en una planicie, lo ató a un tronco, tomó una flecha de su carcaj, la puso en el arco y luego dijo: ‘En el nombre de Allah, el Señor del joven’, y arrojó la flecha que le dio en la sien, el joven puso sus manos sobre su sien, donde la flecha lo había herido, y murió.

Entonces la gente clamó: ‘¡Creemos en el Señor del joven!, ¡creemos en el Señor del joven!, ¡creemos en el Señor del joven!’. Y fueron ante el rey y le dijeron: ‘¿Qué piensas de lo que querías precaverte?
¡Allah ha hecho que se produzca aquello de lo que querías precaverte y temías (pues ahora creemos)!’.
La gente creía, entonces ordenó que se cavaran fosas en los caminos. Cuando estuvieron terminadas y se había prendido fuego en ellas le dijo a la gente: ‘El que no renuncie a su religión será arrojado en el fuego o se le dirá que salte en él’. Y así lo hicieron (con tal de no renunciar a su religión), hasta que llegó una mujer con su hijo y dudó en arrojarse, entonces su hijo le dijo: ‘¡Oh madre!, ten paciencia, pues estás en la verdad’».

XVIII • Sahih Muslim (7148)



(1) Es decir: su enseñanza, doctrina y grado espiritual.